






El experimento consistía en comprobar si los disolventes polares sólo disuelven solutos polares y no los apolares, y del mismo modo pero al revés con los disolventes apolares. Para ello echamos en los tubos de ensayo 1, 2 y 3 un disolvente polar como es el agua, y en los tubos 4, 5 y 6 uno apolar como es el ciclohexano.
En los tubos 1 y 4 echamos cristales de yodo (I2) que es una sustancia covalente apolar y por tanto en el agua precipitaba pero con el ciclohexano daba una disolución de color morado.
En los tubos 2 y 5 echamos permanganato de potasio (KMnO4) que al ser un compuesto polar se disolvía en el agua (una disolución violeta), pero precipitaba en el ciclohexano.
Finalmente en los tubos 3 y 6 echamos sal común (NaCl) que al ser también un compuesto polar, puesto que es iónico, se disolvía en el agua pero no en el ciclohexano.
Después de observar lo que ocurría en cada caso, fuimos añadiendo ciclohexano en el tubo 1 donde teníamos el precipitado de los cristales de yodo y tras agitar obtuvimos una disolución de yodo en la parte superior del tubo (puesto que este disolvente es menos denso que el agua).
En los tubos 5 y 6 donde las sales no se disolvían con el ciclohexano, echamos agua y obtuvimos del mismo modo, una disolución de agua con permanganato de potasio y con cloruro de sodio respectivamente, esta disolución quedó en la parte inferior porque el ciclohexano es menos denso que el agua.
De tal manera que con este experimento podemos concluir que los disolventes polares disuelven solutos polares y los disolventes no polares disuelven soluto no polares.
Deva y Sara.
Una práctica fugaz que realizamos a lo largo de la semana pasada, fue la observación de espectros atómicos, como el del Zinc.
En este caso no se transmite la corriente eléctrica, ya que el agua no la transmite y por tanto la bombilla no se enciende.
La concentración de azúcar en los refrescos.
Esta semana nos entretuvimos comprobando la veracidad de las etiquetas de los refrescos, más concretamente demostrando si la concentración de azúcar es la indicada en el recipiente.
Para ello partimos de la siguiente afirmación:
La densidad del refresco se relaciona proporcionalmente con su concentración de azúcar.
En primer lugar, tuvimos que preparar, teóricamente, cinco disoluciones patrón, aunque finalmente debieron de ser el doble debido a problemas diversos (el embudo colapsado si no diluíamos bien el azúcar, pasarnos del enrase, llenar el matraz con una disolución de 250ml antes de haber vertido todo el soluto, la presencia de los poltergeist antes mencionados...). Estas disoluciones estuvieron comprendidas entre 4 y 25g de azúcar por cada 100ml de disolución.
Una vez hechas, debíamos sacar con la pipeta aforada 10ml para poder pesarlos con la balanza y hacer una recta de calibrado como ésta, la cual debía incluir su ecuación y el valar del coeficiente de regresión (R). Este coeficiente debería aproximarse a la unidad. Sin embargo, debido a las interminables colas formadas en la balanza de dos decimales (la cual facilitaba la
precisión de la recta de calibrado), tuvimos que recurrir a la de un decimal, lo que supuso valores bastante menos precisos de lo esperado como se puede comprobar en el valor de R. Por ello y ya que siempre tuvimos la incertidumbre que supone tener un decimal menos, sabíamos que los errores absolutos y relativos en la concentración del refresco iban a ser superiores.
De tal manera que finalmente sólo nos quedó obtener el peso de 10ml de un refresco y sustituir el resultado, en nuestro caso 10.3g, en la ecuación de la recta (y = 0.035x + 9.895). Por tanto, obtuvimos que el valor de la concentración era 11.5g por cada 100 ml y puesto que el valor que mostraba la etiquete decía que la concentración debía ser de 11, nuestro error relativo fue del 4%.
Por último, nos dedicamos a buscar los valores de las disoluciones que aumentaban el error, observando que el coeficiente de regresión con tres disoluciones es muy superior puesto que el error aumenta cuando hacemos un mayor número de disoluciones.
Deva y Sara.